¿Qué nos preocupa?

En Uruguay, 1 de cada 4 alumnos de Ciclo Básico no promueve el curso, siendo menor la promoción en Montevideo con respecto al resto de los departamentos del país[1].

Asimismo, un porcentaje importante de jóvenes entre los 12 y 18 años no asiste a la educación formal.

Problemas económicos, alto índice de repetición, extraedad, desmotivación, necesidades básicas insatisfechas, son algunas de las problemáticas principales que desencadenan en la desvinculación del Ciclo Básico de educación media (Secundaria).

[1] Fuente: Monitor educativo liceal 2015. CES.

Las Metas Educativas 2021 de la Organización de Estados Americanos (OEI) destaca como uno de los objetivos: “Garantizar a las nuevas generaciones 12 años de educación de calidad”. Esta aspiración de universalización de la secundaria requiere trabajar intensamente en superar las dificultades para concretarla en todos los países de la región.

El hecho de que más jóvenes accedan a la escuela secundaria, no garantiza la finalización de nivel. Las estadísticas educativas de los últimos años muestran que el abandono a lo largo de la escuela secundaria se mantiene en un nivel elevado.

Si bien los países de la región presentan diferentes niveles de graduación de niños y jóvenes, tanto en primaria como en secundaria, existen factores que son comunes.

La profunda desigualdad en la distribución de los recursos económicos, sociales y culturales que caracteriza a América Latina se refleja en las trayectorias escolares de sus niños y jóvenes y las dificultades para sostener la escolarización se concentran fuertemente en los sectores sociales más desfavorecidos: la repetición y el abandono escolar impacta mayormente en los jóvenes en condición de vulnerabilidad socioeconómica.

Si consideramos que en algunos países de la región, por cada adolescente de 17 años no escolarizado perteneciente a los sectores más altos, existen cinco jóvenes en los estratos más bajos en la misma condición, queda muy claro que, a pesar de sus esfuerzos, los liceos por sí solos no logran revertir las desventajas sociales de origen. En Uruguay, sólo un 42% de los jóvenes de menores ingresos finaliza el Ciclo Básico versus un 94% en la población de mayores ingresos.[2]

En este contexto, la posibilidad de completar la educación media todavía está lejos de ser realidad para la mayoría de los adolescentes provenientes de los hogares con menores recursos.

[2] Fuente: Anuario 2013, Dirección de Educación, MEC.